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Ateísmo y panteísmo: inconsecuencias y contradicciones

01-05-2006 13:46:54


Todos deben conceder, en verdad, que sin Dios nada puede ser ni concebirse. Pues todos reconocen que Dios es la única causa de todas las cosas, y tanto de su esencia como de su existencia; esto es, Dios es causa de las cosas no sólo según el devenir, como dicen, sino también según el ser.

NI PANTEÍSMO NI ATEÍSMO

Sin embargo, muchos dicen que a la esencia de una cosa pertenece aquello sin lo cual esa cosa no puede ser ni concebirse; y, por tanto, o bien creen que la naturaleza de Dios pertenece a la esencia de las cosas creadas, o bien que las cosas creadas pueden ser y concebirse sin Dios, o, lo que es más cierto, no son lo bastante consecuentes consigo mismos.

Y la causa de esto ha sido, creo, que no se han atenido al orden del filosofar. Pues han creído que la naturaleza divina, sobre la que debían reflexionar antes que nada, ya que es prioritaria tanto en el orden del conocimiento como en el de la naturaleza, era la última en el orden del conocimiento, y que las cosas llamadas objetos de los sentidos eran anteriores a todo lo demás.

LA NATURALEZA AL REVÉS

De ello ha resultado que, al considerar las cosas de la naturaleza, han pensado en todo menos en la naturaleza divina, y, al intentar más tarde considerar ésta, no han podido valerse de aquellas primeras ficciones suyas sobre las que habían construido el conocimiento de las cosas de la naturaleza, dado que de nada les servían para conocer la naturaleza divina.

Y así no es de extrañar que hayan incurrido en contradicciones una y otra vez.

BARUCH DE SPINOZA, “Ética: II,10”. Traducción de Vidal Peña.

Categoría: Antología filosófica 3 Comentario(s) & 0 Referencia(s)



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Comentarios
Comentario hecho por Fernando G. Toledo, el día 01-05-2006 21:34:21h.
Pues todos reconocen que Dios es la única causa de todas las cosas, y tanto de su esencia como de su existencia; esto es, Dios es causa de las cosas no sólo según el devenir, como dicen, sino también según el ser.

Bueno, más allá de que no es cierto que todos reconocen en Dios a la única causa, me parece que hablar de “ser” es intentar dar en el centro de la nada. Por lo demás, la frase me suena parecida a “Dios existe porque existe Dios”.

Y la causa de esto ha sido, creo, que no se han atenido al orden del filosofar. Pues han creído que la naturaleza divina, sobre la que debían reflexionar antes que nada, ya que es prioritaria tanto en el orden del conocimiento como en el de la naturaleza, era la última en el orden del conocimiento, y que las cosas llamadas objetos de los sentidos eran anteriores a todo lo demás.
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De ello ha resultado que, al considerar las cosas de la naturaleza, han pensado en todo menos en la naturaleza divina, y, al intentar más tarde considerar ésta, no han podido valerse de aquellas primeras ficciones suyas sobre las que habían construido el conocimiento de las cosas de la naturaleza, dado que de nada les servían para conocer la naturaleza divina.

Volvemos a lo mismo: partimos de la petición de principio de la existencia de un dios, que está en todas partes y/o es el alma de todo lo existente, de modo que negarlo sería negar todo lo existente. Pero como el razonamiento surge de una falacia, no veo motivo para seguirlo y prefiero quedarme con el Spinoza que en muchos otros fragmentos de esta obra me muestra su notable lucidez (i.e., cuando habla de la felicidad).

Un saludo, Oliver, y feliz día del trabajador.

Comentario hecho por Oliver, el día 01-05-2006 23:11:45h.
¡Ay, Fernando! Observo cómo expresas tu ímpetu, aún juvenil, en lo que escribes, y deseo sinceramente que lo conserves por mucho tiempo. Únicamente te aconsejaría una cosa: no lo despilfarres rebatiendo argumentos o demostraciones ajenas; inviértelo en construir un sistema filosófico que no vaya a la contra de otros. Hazte una filosofía propia. Porque, amigo mío, poner objeciones no es dar razones; y los aspavientos no son argumentos.

Cuando tenga tiempo suficiente elaboraré un articulillo sobre el “ateísmo del corazón”, que tú defiendes con tanto ahínco. Sí, Fernando, del corazón. Porque estoy de acuerdo con Feuerbach cuando dice que no es la cabeza, sino el corazón, “el más incrédulo y ateo” bastión antiteológico que hay en el hombre. Pero ya hablaremos de esto.

Ahora, te planteo aquí brevemente lo que sigue. ¿Qué crees que separa tu ateísmo de mi teísmo? ¿La palabra Dios? ¿La identificación o diferenciación entre Dios y el mundo? ¿O más bien, como yo creo, el hecho de que tú niegues la existencia del Ser eterno e infinito? Porque yo no pienso, cuando digo “Dios”, en “un ser”, sino en “el ser”, es decir, “todo el ser”, fuera del cual no hay ningún ser.

¿Para ti el “ser” es “el centro de la nada”? Pero, entonces, para mí, esa “nada” es “todo”: la realidad primera o última, según se mire, la esencia o sustancia “infinita y eterna” de la naturaleza. ¿Niegas esa realidad, gracias a la cual nosotros mismos somos reales “por un tiempo”? ¿O quieres decir, acaso, que los seres son más reales que el Ser infinito y eterno en el cual se mueven, existen y son?

Dios es, para mí, la Vida. Nosotros “tenemos” vida, pero no “somos” la Vida. Y cuando ésta se “apague” en nosotros, dejaremos de existir, pero la esencia vital que nos constituyó mientras vivimos, es eterna. Saber esto es la felicidad. Y la libertad. Y la única salvación posible para el hombre mortal y finito.

Te dejo con una ilustración (no un ejemplo) de lo que digo. Una bombilla se forma a partir de tales o cuales causas concretas. Mientras existe da luz, pero no la produce. La luz (que, como una de las infinitas formas de la Energía, ni se crea ni se destruye, sólo se transforma) es imperecedera. Cuando se destruye una bombilla, deja de existir; pero la luz permanece intacta. No la vemos donde estaba antes, porque ya no tiene un vehículo a través del que pueda manifestarse. La luz, como forma de la Energía sin forma, goza de “una especie de eternidad”, es decir, es infinita y eterna en virtud de su fuente, que es absolutamente infinita en su género.

Esa Energía absoluta, origen y esencia de todas las formas de energía, y de la materia corpuscular o corpórea, es “uno” de los infinitos atributos de Dios, que es “absolutamente infinito”, y que incluye todos los géneros, atributos o formas de ser: la materia y el pensamiento, que nos constituyen, además de infinitos atributos más que desconocemos.

Así que Dios también es absolutamente inteligente. ¿O afirmas con los creacionistas que la inteligencia humana o animal ha salido de la nada? ¿Somos las criaturas más inteligentes que el Creador? ¿Somos nosotros listos y Dios tonto? Nuestra conciencia e inteligencia no es sino un subproducto de la inteligencia universal, y ésta, de la divina. O sea: no es como para ponernos muy farrucos por esa "chispa" de "luz", de corto voltaje y escasa potencia, de que dispone nuestro cerebro. Pero es inteligencia, ¡qué diantres! Y eso nos convierte en linaje de Dios.

Pero basta, por ahora. Que esto resultará ilegible, por largo y farragoso.

Un cordial saludo. Y feliz día del trabajo para ti también. Por lo que veo, ambos lo hemos celebrado “trabajando”, como debe ser.

Comentario hecho por Fernando G. Toledo, el día 02-05-2006 18:01:50h.
OLIVER:
Saludos y, sí, lo hemos pasado trabajando. Ciertamente, me sorprendieron un par de afirmaciones tuyas. Por ejemplo, que despilfarro el tiempo y no lo aprovecho para construir una filosofía propia. Viniendo de quien toma al pie de la letra lo que Spinoza escribió hace 400 años, no deja de parecerme una ironía. En última instancia, si uno o varios sistemas filosóficos parecen válidos, el aporte personal puede resultar en adoptarlo, reformularlo o hacerlo dialogar con otros afines o no. En fin. Ya habrá tiempo para dialogar de ello.
Vamos a ciertos puntos candentes: el primero, es la denominación de mi ateísmo, tipificado como "ateísmo del corazón". Parece referirse a que la afirmación mía de que todos los dioses son nada más que productos de la fantasía humana surgiera de cierta repulsión irracional, o de una negación ciega. Veo que es el modo que te aparece el ateísmo en general, puesto que en otro artículo hablás de la "ceguera de los ateos". Nada más equivocado, como te mostraré.
Quizá podríamos indagar, para ello, en tus preguntas. ¿Qué separa tu teísmo de mi ateísmo? Bueno, la palabra Dios es el principio. Como dije, para mí parte de un error: identificar con un ser (si repasás tu texto verás que el Dios que perfilás se parece más al Dios personal de los monoteísmos de lo que vos mismo parecías aceptar en otro mensaje), ficticio, algunas de las preguntas que todavía tenemos sin responder. Sonará misterioso el aserto, pero basta leerlo un par de veces para entender cómo el concepto de Dios surge, más que nada, de un error legado y luego "rutinizado" por la humanidad. Feuerbach, casualmente, lo dijo mejor: "el hombre hizo a Dios a su imagen y semejanza". Bueno, más o menos así, sólo que terminó conformando un Dios que es casi su negativo.
Cuando me decís que al hablar de Dios no hablás de "un" ser, sino de "el ser", me parecce que comienza a construirse (o a desmoronarse, desde mi punto de vista) "tu" Dios. Es que resulta que "el ser" no existe. "El ser" no es más que "un hecho del lenguaje" (Émile Bénveniste), y resulta del craso error practicado desde Parménides, de anteponer al lexema ser (un verbo) el artículo "el", sustantivando lo que no es más que un verbo. Todo ser es determinado: no se puede simplemente ser, a menos que juguemos con una flatus vocis. Así, todo lo que conocemos "es", pero al mismo tiempo eso que erradamente llamamos "ser" no aparece a menos que "algo sea". "El ser" no se trata de otra cosa que de una ficción ontológica.
Por eso tus dos ejemplos se estrellan contra sí mismos. La "vida" como sí, no existe: existen los seres vivos. No hay una vida flotante de la cual beben los seres que empiezan a vivir. Es al revés: observar los seres vivos permiten la noción abstracta de "vida". En otro sentido, completamente distinto, la eternidad de la luz que la bombilla posee en su tiempo útil, está por verse si es eterna o no. Y si lo fuera, la eternidad de la luz (es decir, una extensión infinita en la cual no pueda determinarse el momento en que la luz-energía comenzó como tal) no sería extrapolable a Dios.
Podríamos resumir esto con otro concepto y aclarar: la existencia es un término sincategoremático.
Con respecto a si me parezco a los creacionistas, me parece excesivo contestar que no, porque sería obvio (¿de qué creador estamos hablando?). La "inteligencia universal" no existe, y la inteligencia como tal tampoco, sin seres inteligentes, a menos que recaigamos en la falacia de reificación. Si somos inteligentes no es porque hayamos "cazado" porciones de inteligencia sueltas por allí, claro. La inteligencia no es más que el nombre que damos a las funciones admirables de nuestro cerebro, en su convivencia cultural con otras personas que comparten nuestras mismas capacidades.
¡Cuánto fárrago hay también aquí! Muchas palabras, pero espero que sirvan. Sobre todo para desengañarte de que mi ateísmo es irreflexivo (del corazón).



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