La religión de los Nuevos Estúpidos
25-04-2006 19:46:29
"La educación universal ha creado una clase inmensa de lo que podría llamar los Nuevos Estúpidos, que ansían poseer una certidumbre y son incapaces, sin embargo, de encontrarla". A.H.
Ciertamente, la estupidez congénita e intrínseca de la mayoría es tan grande como siempre lo ha sido. Pero es una estupidez que ha sido educada en las ideas inventadas por la inteligencia relativamente libre de individuos excepcionales.
El resultado de esta educación es que la gente estúpida ya no es capaz de tragarse la clase de teología que aceptaban a pie juntillas sus antecesores. La educación universal ha creado una clase inmensa de lo que podría llamar los Nuevos Estúpidos, que ansían poseer una certidumbre y son incapaces, sin embargo, de encontrarla en los mitos tradicionales y sus racionalizaciones.
LOS DOGMAS SEUDORRELIGIOSOS DEL NACIONALISMO
Tan urgente ha sido esta necesidad de una certidumbre que en lugar de los dogmas de la religión han aceptado -¡y con qué apasionada gratitud!- los dogmas seudorreligiosos del nacionalismo.

Estos son más obviamente falsos y dañinos que los de la religión, pero poseen para el Nuevo estúpido el mérito enorme de ocuparse no de entes invisibles, sino visibles. El nacionalismo no es la teoría de un dios al que nadie ha visto. Es una teoría sobre un país real, y sus habitantes de carne y hueso.
Puede demostrarse que esta teoría es falsa, pero eso no importa. Lo que le importa al Nuevo Estúpido es que el protagonista de la teoría es real. La Nueva Estupidez es positivista.
Aún está por realizarse el balance de las equivalencias psicológicas; sin embargo, es posible hacer una generalización bastante vaga, pero útil. Los gobernantes pueden imponer muchas prohibiciones siempre que al pueblo al que se las imponen se le hayan otorgado orgías suficientemente interesantes y animadas. El problema, como es obvio, es definir qué se entiende por “suficientemente”.
Viviendo como vivimos en una época de progreso tecnológico y, por lo tanto, de incesante cambio, nos encontramos con que no nos divierten más que las novedades. Nada puede ser demasiado nuevo para nosotros. Aun el más excitante y elaborado de nuestros entretenimientos no puede satisfacernos por mucho tiempo. Ni es esta la única razón para la insuficiencia de nuestro sistema de orgías.
EL ÉXITO PRODIGIOSO DE LAS DIVERSIONES LAICAS
Hoy todas las diversiones se han laicizado. Esto ha sucedido en parte como resultado de las tendencias positivistas de la Nueva Estupidez; en parte es debido al hecho de que todos los entretenimientos están en manos de compañías financieras cuyo interés es que la gente se divierta no sólo en ocasiones mitológicamente significativas, sino todos los días y a todas horas.
El resultado es que “nuestra risa y nuestras lágrimas sólo tienen sentido por sí mismas”, y al tener sentido sólo por sí mismas, curiosamente, tienen muy poco sentido.

De ahí el éxito prodigioso de los entretenimientos organizados por los actualizados conductores del populacho en nombre del nacionalismo. Mussolini y Hitler han restaurado para el Nuevo Estúpido alguno de los placeres sustanciales con que gozara la Vieja Estupidez. ¿Pueden ser restaurados esos placeres en nombre de algo menos pernicioso que el odio y la vanidad colectivos?
El nacionalismo florece entre los Nuevos Estúpidos de nuestro mundo contemporáneo por dos razones: primero, porque las orgías comunes y cotidianas son de muy poca calidad; y, segundo, porque la rutina, que es el complemento necesario y el fondo de tales orgías, ha sido alterada.
Esta alteración se debe en gran medida a la aplicación práctica del nacionalismo en la política y da como resultado un estado mental que agradece al nacionalismo las distracciones excitantes que crea y justifica teóricamente.
PAN Y CIRCO; RUTINA Y ORGÍAS
El movimiento es, como de costumbre, circular y vicioso. Rutina y orgías. O, como preferían decirlo los romanos, pan y circo. Pero, como siempre, surge la exigencia universal: no sólo de pan vive el hombre. Pero tampoco vive solamente de circo. Hasta cierto punto, sin embargo, una escasez de pan puede ser compensada por un exceso de circo.
Todos los caudillos populacheros de los años de posguerra han seguido la misma política: han organizado circos políticos a fin de distraer la atención del pueblo de su hambre y la incertidumbre social predominante.
Incapaces de llenar los vientres vacíos con pan, su meta es llenar cabezas vacías con banderas, con cháchara y bandas de música e histeria colectiva. Mientras escribo, los nazis se están preparando para realizar ciento cincuenta mil mítines políticos en dos meses.
Podríamos parodiar la vieja canción y preguntar:
“¿Acaso el odio de que son tan ricos
Va a encender nuestros hornos?
¿Y ese dios del odio, tan chico,
Va a mover nuestro asador?”
¡Ay, no, no lo hará! Y algún día ese público para el que se organizan tan pródigamente esos circos políticos se dará cuenta de la inquietante verdad y dirá con la reina Victoria: “No nos divertimos”.
ALDOUS HUXLEY, “Más allá del Golfo de México”, 1.934.
Ciertamente, la estupidez congénita e intrínseca de la mayoría es tan grande como siempre lo ha sido. Pero es una estupidez que ha sido educada en las ideas inventadas por la inteligencia relativamente libre de individuos excepcionales.
El resultado de esta educación es que la gente estúpida ya no es capaz de tragarse la clase de teología que aceptaban a pie juntillas sus antecesores. La educación universal ha creado una clase inmensa de lo que podría llamar los Nuevos Estúpidos, que ansían poseer una certidumbre y son incapaces, sin embargo, de encontrarla en los mitos tradicionales y sus racionalizaciones.
LOS DOGMAS SEUDORRELIGIOSOS DEL NACIONALISMO
Tan urgente ha sido esta necesidad de una certidumbre que en lugar de los dogmas de la religión han aceptado -¡y con qué apasionada gratitud!- los dogmas seudorreligiosos del nacionalismo.

Estos son más obviamente falsos y dañinos que los de la religión, pero poseen para el Nuevo estúpido el mérito enorme de ocuparse no de entes invisibles, sino visibles. El nacionalismo no es la teoría de un dios al que nadie ha visto. Es una teoría sobre un país real, y sus habitantes de carne y hueso.
Puede demostrarse que esta teoría es falsa, pero eso no importa. Lo que le importa al Nuevo Estúpido es que el protagonista de la teoría es real. La Nueva Estupidez es positivista.
Aún está por realizarse el balance de las equivalencias psicológicas; sin embargo, es posible hacer una generalización bastante vaga, pero útil. Los gobernantes pueden imponer muchas prohibiciones siempre que al pueblo al que se las imponen se le hayan otorgado orgías suficientemente interesantes y animadas. El problema, como es obvio, es definir qué se entiende por “suficientemente”.
Viviendo como vivimos en una época de progreso tecnológico y, por lo tanto, de incesante cambio, nos encontramos con que no nos divierten más que las novedades. Nada puede ser demasiado nuevo para nosotros. Aun el más excitante y elaborado de nuestros entretenimientos no puede satisfacernos por mucho tiempo. Ni es esta la única razón para la insuficiencia de nuestro sistema de orgías.
EL ÉXITO PRODIGIOSO DE LAS DIVERSIONES LAICAS
Hoy todas las diversiones se han laicizado. Esto ha sucedido en parte como resultado de las tendencias positivistas de la Nueva Estupidez; en parte es debido al hecho de que todos los entretenimientos están en manos de compañías financieras cuyo interés es que la gente se divierta no sólo en ocasiones mitológicamente significativas, sino todos los días y a todas horas.
El resultado es que “nuestra risa y nuestras lágrimas sólo tienen sentido por sí mismas”, y al tener sentido sólo por sí mismas, curiosamente, tienen muy poco sentido.

De ahí el éxito prodigioso de los entretenimientos organizados por los actualizados conductores del populacho en nombre del nacionalismo. Mussolini y Hitler han restaurado para el Nuevo Estúpido alguno de los placeres sustanciales con que gozara la Vieja Estupidez. ¿Pueden ser restaurados esos placeres en nombre de algo menos pernicioso que el odio y la vanidad colectivos?
El nacionalismo florece entre los Nuevos Estúpidos de nuestro mundo contemporáneo por dos razones: primero, porque las orgías comunes y cotidianas son de muy poca calidad; y, segundo, porque la rutina, que es el complemento necesario y el fondo de tales orgías, ha sido alterada.
Esta alteración se debe en gran medida a la aplicación práctica del nacionalismo en la política y da como resultado un estado mental que agradece al nacionalismo las distracciones excitantes que crea y justifica teóricamente.
PAN Y CIRCO; RUTINA Y ORGÍAS
El movimiento es, como de costumbre, circular y vicioso. Rutina y orgías. O, como preferían decirlo los romanos, pan y circo. Pero, como siempre, surge la exigencia universal: no sólo de pan vive el hombre. Pero tampoco vive solamente de circo. Hasta cierto punto, sin embargo, una escasez de pan puede ser compensada por un exceso de circo.
Todos los caudillos populacheros de los años de posguerra han seguido la misma política: han organizado circos políticos a fin de distraer la atención del pueblo de su hambre y la incertidumbre social predominante.
Incapaces de llenar los vientres vacíos con pan, su meta es llenar cabezas vacías con banderas, con cháchara y bandas de música e histeria colectiva. Mientras escribo, los nazis se están preparando para realizar ciento cincuenta mil mítines políticos en dos meses.
Podríamos parodiar la vieja canción y preguntar:
“¿Acaso el odio de que son tan ricos
Va a encender nuestros hornos?
¿Y ese dios del odio, tan chico,
Va a mover nuestro asador?”
¡Ay, no, no lo hará! Y algún día ese público para el que se organizan tan pródigamente esos circos políticos se dará cuenta de la inquietante verdad y dirá con la reina Victoria: “No nos divertimos”.
ALDOUS HUXLEY, “Más allá del Golfo de México”, 1.934.
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