La verdadera democracia
06-04-2006 19:39:04
"La verdadera democracia no es aquella que lo nivela todo en la tierra, sino la que permite a cada uno un desarrollo completo. No es la democracia política, es la democracia espiritual".
El ser humano no “quiere”, en el fondo, sino progresar; no “quiere”, en el fondo, sino crear algo nuevo, crear su propia vida personal e inédita.
Y entonces comenzará, no la edad de oro de triste recuerdo -pues jamás se ha descrito edad más aburrida y menos hecha para satisfacer las aspiraciones verdaderas del hombre-, sino la edad de la plenitud. De la plenitud íntima. Vuelvo siempre a este adjetivo.
¡TENGAMOS EL VALOR NECESARIO!
La era horrenda de las ideas generales predominantes, de los fines generales impuestos por la fuerza a cada uno, habrá pasado definitivamente. Cada vida es única; todo su valor reside en su unicidad. ¡Tengamos, pues, todos el valor de ser y declararnos únicos!
¡Tengamos el valor de poner todas nuestras energías disponibles al servicio de nuestra unicidad! Entonces toda vida, incluso la más humilde, hasta la menos feliz exteriormente, tendrá un sentido profundo e intrínseco.

Cultivemos el valor y la fe que hacen falta para llevar una existencia profundamente personal. Lo que hace tan odiosa a nuestra época es su impersonalidad y su falta de fe.
Sería imposible que el colectivismo reinase si la personalidad humana no estuviese tan debilitada o decaída que la masa bruta y la ley abstracta del número tienen probabilidades inauditas de afirmarse.
LA MANÍA DE LA SEGURIDAD
Lo único que explica esta imposibilidad aparente de salir de los múltiples atolladeros, en los cuales una falsa política y falsos principios económicos han metido a la inmensa mayoría de los humanos, es la manía de la seguridad, del “de una vez y para siempre”, aunque sólo sea bajo la forma de la obsesión de la definición fijada para siempre.
Durante todo el tiempo que predomine semejante cobardía, la humanidad no se encaminará jamás hacia un porvenir mejor. Hace falta que la fe creadora vuelva a predominar como lo hizo en todas las grandes épocas. Las masas oscuras y bárbaras lo comprenden ya; lo comprenden mejor que las mentes cultivadas.
De lo cual proviene que tales bárbaros invadan cada vez más el primer plano de la Historia. Pero si son ellos los que alcanzan la victoria, entraremos fatalmente en una nueva época de tinieblas, como lo fue aquella de la primera Edad Media que inauguraron las grandes invasiones.
POR POCOS QUE SEAMOS, VENCEREMOS
A nosotros, que encarnamos aún la antigua cultura y podemos anticipar el porvenir, es a quienes corresponde evitar tan terrible destino. Y podemos llevar a cabo esta misión histórica, pues, en principio, un solo vidente es mejor que millares de ciegos. Sólo que entonces es necesario que demostremos más valor aún y más fe que las masas revolucionadas.

¡Cultivemos, pues, esta fe y este valor! ¡Cultivemos nuestra creatividad! ¡Cultivémoslos sobre la base de todos aquellos valores humanos eternos que las masas barbarizadas no comprenden ya, pero cuya sola realización da a la vida aquel arraigo en las profundidades que promete un rico florecimiento!
¡Elevemos frente a la horrenda pobreza y la esterilidad de los hombres decaídos hasta el colectivismo una riqueza humana como jamás la hubo aún en la Historia! ¡En lugar de oponernos a ellos, adelantémonos a nuestros antagonistas! Entonces, inevitablemente, por pocos que seamos, venceremos.
LA DEMOCRACIA ESPIRITUAL
No hay nada más íntimo que el Espíritu Universal. Si nuestra época es colectivista, si no admite ya la intimidad y la exclusividad, es porque ha perdido todo contacto con el espíritu vivo. Tornando a nosotros mismos, cultivando como jamás se hiciera la vida íntima y personal, trabajamos, pues, por el Espíritu Universal.
Pero haciéndonos así “personalistas” y “proximistas”, nos afirmamos, al mismo tiempo, como los únicos demócratas verdaderos. Pues la verdadera democracia no es aquella que lo nivela todo en la tierra, sino la que permite a cada uno un desarrollo completo. No es la democracia política, es la democracia espiritual.
Nuestro mensaje se dirige, pues, verdaderamente a todos. Es en verdad un “evangelio”, una buena nueva, pues promete a cada uno la plenitud de su vida personal.
CONDE DE KEYSERLING, La vida íntima, 1.933, Espasa-Calpe.
El ser humano no “quiere”, en el fondo, sino progresar; no “quiere”, en el fondo, sino crear algo nuevo, crear su propia vida personal e inédita.
Y entonces comenzará, no la edad de oro de triste recuerdo -pues jamás se ha descrito edad más aburrida y menos hecha para satisfacer las aspiraciones verdaderas del hombre-, sino la edad de la plenitud. De la plenitud íntima. Vuelvo siempre a este adjetivo.
¡TENGAMOS EL VALOR NECESARIO!
La era horrenda de las ideas generales predominantes, de los fines generales impuestos por la fuerza a cada uno, habrá pasado definitivamente. Cada vida es única; todo su valor reside en su unicidad. ¡Tengamos, pues, todos el valor de ser y declararnos únicos!
¡Tengamos el valor de poner todas nuestras energías disponibles al servicio de nuestra unicidad! Entonces toda vida, incluso la más humilde, hasta la menos feliz exteriormente, tendrá un sentido profundo e intrínseco.

Cultivemos el valor y la fe que hacen falta para llevar una existencia profundamente personal. Lo que hace tan odiosa a nuestra época es su impersonalidad y su falta de fe.
Sería imposible que el colectivismo reinase si la personalidad humana no estuviese tan debilitada o decaída que la masa bruta y la ley abstracta del número tienen probabilidades inauditas de afirmarse.
LA MANÍA DE LA SEGURIDAD
Lo único que explica esta imposibilidad aparente de salir de los múltiples atolladeros, en los cuales una falsa política y falsos principios económicos han metido a la inmensa mayoría de los humanos, es la manía de la seguridad, del “de una vez y para siempre”, aunque sólo sea bajo la forma de la obsesión de la definición fijada para siempre.
Durante todo el tiempo que predomine semejante cobardía, la humanidad no se encaminará jamás hacia un porvenir mejor. Hace falta que la fe creadora vuelva a predominar como lo hizo en todas las grandes épocas. Las masas oscuras y bárbaras lo comprenden ya; lo comprenden mejor que las mentes cultivadas.
De lo cual proviene que tales bárbaros invadan cada vez más el primer plano de la Historia. Pero si son ellos los que alcanzan la victoria, entraremos fatalmente en una nueva época de tinieblas, como lo fue aquella de la primera Edad Media que inauguraron las grandes invasiones.
POR POCOS QUE SEAMOS, VENCEREMOS
A nosotros, que encarnamos aún la antigua cultura y podemos anticipar el porvenir, es a quienes corresponde evitar tan terrible destino. Y podemos llevar a cabo esta misión histórica, pues, en principio, un solo vidente es mejor que millares de ciegos. Sólo que entonces es necesario que demostremos más valor aún y más fe que las masas revolucionadas.

¡Cultivemos, pues, esta fe y este valor! ¡Cultivemos nuestra creatividad! ¡Cultivémoslos sobre la base de todos aquellos valores humanos eternos que las masas barbarizadas no comprenden ya, pero cuya sola realización da a la vida aquel arraigo en las profundidades que promete un rico florecimiento!
¡Elevemos frente a la horrenda pobreza y la esterilidad de los hombres decaídos hasta el colectivismo una riqueza humana como jamás la hubo aún en la Historia! ¡En lugar de oponernos a ellos, adelantémonos a nuestros antagonistas! Entonces, inevitablemente, por pocos que seamos, venceremos.
LA DEMOCRACIA ESPIRITUAL
No hay nada más íntimo que el Espíritu Universal. Si nuestra época es colectivista, si no admite ya la intimidad y la exclusividad, es porque ha perdido todo contacto con el espíritu vivo. Tornando a nosotros mismos, cultivando como jamás se hiciera la vida íntima y personal, trabajamos, pues, por el Espíritu Universal.
Pero haciéndonos así “personalistas” y “proximistas”, nos afirmamos, al mismo tiempo, como los únicos demócratas verdaderos. Pues la verdadera democracia no es aquella que lo nivela todo en la tierra, sino la que permite a cada uno un desarrollo completo. No es la democracia política, es la democracia espiritual.
Nuestro mensaje se dirige, pues, verdaderamente a todos. Es en verdad un “evangelio”, una buena nueva, pues promete a cada uno la plenitud de su vida personal.
CONDE DE KEYSERLING, La vida íntima, 1.933, Espasa-Calpe.
Categoría: Política 2 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
Referencias
Comentarios
Comentario hecho por Oliver, el día 07-04-2006 21:48:38h.
Amigo irreverente:
De lo dicho por Keyserling -maestro de Tagore, entre otros-, se deduce justo lo contrario. Nivelar todo es contrario a la unicidad individual y un atentado contra la "forma de ser" de cada uno. Por eso añade que la democracia espiritual consistiría en que cada uno -o,al menos, el mayor número posible, matizaría yo- alcance un desarrollo personal completo.
Desgraciadamente, el hombre moderno ya no cree que esté constituido por un cuerpo y una mente o espíritu. El materialismo ha triunfado en esta hora, como otrora se impuso el espiritualismo. No sé que reduccionismo está produciendo más daños, si el desprecio del cuerpo y la materia o el del espíritu y la espiritualidad.
¿Estoy solo al creer que la democracia política no es más que un instrumento al servicio del espíritu? ¿Que la libertad política no tiene otro sentido que hacer sitio a la espiritual y que aquélla jamás producirá ésta? ¿Que la democracia no es un fin, sino un medio? Hasta García-Trevijano, al que tanto respeto en el ámbito estricto de la política, parece pensar de otra manera.
Y es que a veces me asusta la confianza desorbitada que la gente pone en la democracia. Tal parece como si creyeran que ésta les conducirá directamente al paraíso y que conjurará, como por arte de encanto, todos los males que ahora nos aquejan.
La política es ejercicio de poder movido por pasiones. Nada más. La religión y la ética, bien entendidas, no tienen nada que ver con la política. Y por lo tanto es una aberración confundirlas con ella, porque entonces el Estado es dios; y la política, opio del pueblo.
De una buena filosofía derivan una buena ética y una buena política. De ahí que la filosofía vaya primero, abriendo camino y aclarando las cosas. La política viene en ultimísimo lugar. No sirve para otra cosa que para poner un poco de orden en el caos de pasiones e intereses que agitan a la sociedad. Por eso la supedito absolutamente al hombre y su felicidad.
Pero, basta ya. Un saludo. Oliver.
De lo dicho por Keyserling -maestro de Tagore, entre otros-, se deduce justo lo contrario. Nivelar todo es contrario a la unicidad individual y un atentado contra la "forma de ser" de cada uno. Por eso añade que la democracia espiritual consistiría en que cada uno -o,al menos, el mayor número posible, matizaría yo- alcance un desarrollo personal completo.
Desgraciadamente, el hombre moderno ya no cree que esté constituido por un cuerpo y una mente o espíritu. El materialismo ha triunfado en esta hora, como otrora se impuso el espiritualismo. No sé que reduccionismo está produciendo más daños, si el desprecio del cuerpo y la materia o el del espíritu y la espiritualidad.
¿Estoy solo al creer que la democracia política no es más que un instrumento al servicio del espíritu? ¿Que la libertad política no tiene otro sentido que hacer sitio a la espiritual y que aquélla jamás producirá ésta? ¿Que la democracia no es un fin, sino un medio? Hasta García-Trevijano, al que tanto respeto en el ámbito estricto de la política, parece pensar de otra manera.
Y es que a veces me asusta la confianza desorbitada que la gente pone en la democracia. Tal parece como si creyeran que ésta les conducirá directamente al paraíso y que conjurará, como por arte de encanto, todos los males que ahora nos aquejan.
La política es ejercicio de poder movido por pasiones. Nada más. La religión y la ética, bien entendidas, no tienen nada que ver con la política. Y por lo tanto es una aberración confundirlas con ella, porque entonces el Estado es dios; y la política, opio del pueblo.
De una buena filosofía derivan una buena ética y una buena política. De ahí que la filosofía vaya primero, abriendo camino y aclarando las cosas. La política viene en ultimísimo lugar. No sirve para otra cosa que para poner un poco de orden en el caos de pasiones e intereses que agitan a la sociedad. Por eso la supedito absolutamente al hombre y su felicidad.
Pero, basta ya. Un saludo. Oliver.
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Hecho con
¿Será bueno nivelar todo a nivel humano? Y las individualidades, las sobreindividualades, las sociedades desaparacerán?.
Como dijo alguien por ahí "todos los hombres son iguales, pero hay algunos mas iguales que otros".
Saludos.