El sueño de la razón
24-03-2006 20:01:45
En uno de aquellos inefables colegios nacional-católicos en que transcurrió mi enseñanza primaria y media, durante los años cincuenta y primeros sesenta (como hizo la mayoría de mis compañeros(as) de generación que tuvieron el privilegio de estudiar); en el colegio, digo –y, por cierto, el mío era de los menos rigoristas: nobleza obliga-, recibía yo una explicación artera y falaz del famoso grabado de Goya, “El sueño de la razón”.

Se me decía que los monstruos que fabricaba el personaje durmiente los producía el delirio racional y el olvido de las “verdaderas” doctrinas eclesiásticas. Andando el tiempo, comprendí que la soberbia imagen pictórica de mi paisano sugería precisamente lo contrario: que el olvido de la razón y el seguimiento del oscurantismo es lo que produce tan repugnantes, peludos y alados monstruos.
Mas siguió transcurriendo el tiempo y descubrí que la interpretación de los ensotanados integristas continuaba, por supuesto, siendo artera, pero tocaba, aunque fuera de una manera inquisitorial –aquellos buenos curas eran tan poco modernos que, más que antimarxistas, eran antivolterianos-, un problema que afecta al “ethos”(carácter) de nuestra era nacida de la ilustración.
El problema es que la pretensión de prever en códigos perfectos y universales la suma toda de eventualidades, lleva consigo un normativismo o tentación autoritaria cuyo ejemplo original pudiera ser el jacobinismo. La razón, pues, podía, en efecto, delirar, volviéndose paradójicamente contra sus propios postulados iluministas y liberadores.
Me quedó patente, entonces, que había que depurar el “ethos” de la modernidad, repensarlo para reconciliarlo con su motivación original y lograr, así, que “el sueño de la razón” alcanzara su significado más noble: el de la anticipación utópica o proyecto ilusionado, que no tiene nada que ver con los dormitares ni las visiones febriles.”
JOSÉ E. RODRÍGUEZ-IBÁÑEZ, “El sueño de la razón”, 1.982, Taurus.

Se me decía que los monstruos que fabricaba el personaje durmiente los producía el delirio racional y el olvido de las “verdaderas” doctrinas eclesiásticas. Andando el tiempo, comprendí que la soberbia imagen pictórica de mi paisano sugería precisamente lo contrario: que el olvido de la razón y el seguimiento del oscurantismo es lo que produce tan repugnantes, peludos y alados monstruos.
Mas siguió transcurriendo el tiempo y descubrí que la interpretación de los ensotanados integristas continuaba, por supuesto, siendo artera, pero tocaba, aunque fuera de una manera inquisitorial –aquellos buenos curas eran tan poco modernos que, más que antimarxistas, eran antivolterianos-, un problema que afecta al “ethos”(carácter) de nuestra era nacida de la ilustración.
El problema es que la pretensión de prever en códigos perfectos y universales la suma toda de eventualidades, lleva consigo un normativismo o tentación autoritaria cuyo ejemplo original pudiera ser el jacobinismo. La razón, pues, podía, en efecto, delirar, volviéndose paradójicamente contra sus propios postulados iluministas y liberadores.
Me quedó patente, entonces, que había que depurar el “ethos” de la modernidad, repensarlo para reconciliarlo con su motivación original y lograr, así, que “el sueño de la razón” alcanzara su significado más noble: el de la anticipación utópica o proyecto ilusionado, que no tiene nada que ver con los dormitares ni las visiones febriles.”
JOSÉ E. RODRÍGUEZ-IBÁÑEZ, “El sueño de la razón”, 1.982, Taurus.
Categoría: Antología de la belleza 1 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
Referencias
Comentarios
Hecho con
Me ha resultado muy valiosa e ilustrativa tu interpretación, a propósito de la magnífica obra del maestro Goya.
Salu2
Atte.-