Las funciones del Estado
11-03-2006 02:32:18
En la polémica (superficial, por lo demás) sobre las funciones del Estado (entiendo el Estado como organización político-jurídica en sentido estricto) la expresión de “Estado-vigilante nocturno” corresponde a la italiana de “Estado-carabinero” y quiere significar un Estado cuyas funciones se limitan a la tutela del orden público y del respeto a la ley.
No se insiste en el hecho de que en esta forma de régimen (que, en realidad no ha existido nunca o sólo ha existido como hipótesis límite, sobre el papel) la dirección del desarrollo histórico pertenece a las fuerzas privadas, a la sociedad civil, que también es “Estado”, o, mejor, dicho, es el Estado.
ESTADO-POLICÍA, ESTADO INTERVENCIONISTA Y ESTADO ÉTICO
Parece que la expresión “vigilante nocturno”–que debería tener un valor más sarcástico que la de “Estado carabinero” o la de “Estado policía”- se debe a Lasalle. Su contrario debería ser el “Estado ético” o “Estado intervencionista” en general, pero existen diferencias entre una y otra expresión: el concepto de Estado ético tiene un origen filosófico e intelectual (propio de los intelectuales: Hegel) y, en realidad, se podría ligar con la de "Estado vigilante nocturno", porque se refiere más bien a la actividad autónoma, educativa y moral del Estado laico en contraposición al cosmopolitismo y a la ingerencia de la organización religiosa eclesiástica como residuo medieval.

El concepto de Estado intervencionista es de origen económico y se relaciona, por un lado, con las corrientes proteccionistas o de nacionalismo económico, y por otro, con el intento de hacer asumir a un personal estatal determinado, de origen agrario y feudal, la “protección” de las clases trabajadoras contra los excesos del capitalismo (política de Bismarck y Disraeli).
Estas diversas tendencias pueden combinarse de muy distintas maneras y, de hecho, se han combinado. Naturalmente, los liberales (“economistas”) están en favor del “Estado vigilante nocturno” y quisieran que la iniciativa histórica se dejase en manos de la sociedad civil y de las diversas formas que en ella pululan con el “Estado”, guardián de la “lealtad del juego” y de las leyes de éste; los intelectuales hacen distinciones muy importantes cuando son liberales e incluso cuando son intervencionistas (pueden ser liberales en el terreno económico e intervencionistas en el cultural, etc.).
Los católicos quisieran un Estado intervencionista totalmente a favor suyo, pero a falta de éste o cuando constituyen una minoría piden un Estado “indiferente”, para que no apoye a sus adversarios.
SOCIEDAD POLÍTICA Y SOCIEDAD CIVIL
Debe meditarse el tema de si la concepción del "Estado gendarme" o "vigilante nocturno" (dejando de lado la especificación de carácter polémico: gendarme, vigilante nocturno, etc.) no es la única concepción del Estado que supera las fases “corporativo-económicas” extremas.
Estamos siempre en el terreno de la identificación del Estado y del gobierno, identificación que constituye precisamente una reaparición de la forma corporativo-económica, es decir, de la confusión entre la sociedad civil y la sociedad política, porque debe señalarse que en la noción general del Estado entran elementos que deben referirse a la noción de sociedad civil (en este sentido se podría decir que el Estado es igual a la sociedad política más la sociedad civil, es decir, la hegemonía reforzada por la coerción).
SOCIEDAD REGULADA Y LIBERTAD ORGÁNICA
En una doctrina del Estado que conciba a éste como tendencialmente susceptible de agotamiento y de disolución en el seno de la sociedad regulada, la cuestión es fundamental. El elemento Estado-coerción puede imaginarse agotándose a medida que se afirman elementos cada vez más sobresalientes de la sociedad regulada (o Estado ético o sociedad civil).
En la doctrina del Estado-sociedad regulada, deberá pasarse de una fase en la que “Estado” será igual a “gobierno” y “Estado” se identificará con “sociedad civil” a una fase de "Estado vigilante nocturno", es decir, de una organización coercitiva que tutelará el desarrollo de los elementos de sociedad regulada en continuo incremento y que, por tanto, reducen gradualmente sus intervenciones autoritarias y coactivas.
Esto no puede hacer pensar en un nuevo “liberalismo”, aunque sea el comienzo de una era de libertad orgánica.
ANTONIO GRAMSCI, “Política y sociedad”, selección y traducción de “Quaderni del carceri” (1.926-1.937), a cargo de Jordi Solé-Tura, Ediciones Península, 1.977.
No se insiste en el hecho de que en esta forma de régimen (que, en realidad no ha existido nunca o sólo ha existido como hipótesis límite, sobre el papel) la dirección del desarrollo histórico pertenece a las fuerzas privadas, a la sociedad civil, que también es “Estado”, o, mejor, dicho, es el Estado.
ESTADO-POLICÍA, ESTADO INTERVENCIONISTA Y ESTADO ÉTICO
Parece que la expresión “vigilante nocturno”–que debería tener un valor más sarcástico que la de “Estado carabinero” o la de “Estado policía”- se debe a Lasalle. Su contrario debería ser el “Estado ético” o “Estado intervencionista” en general, pero existen diferencias entre una y otra expresión: el concepto de Estado ético tiene un origen filosófico e intelectual (propio de los intelectuales: Hegel) y, en realidad, se podría ligar con la de "Estado vigilante nocturno", porque se refiere más bien a la actividad autónoma, educativa y moral del Estado laico en contraposición al cosmopolitismo y a la ingerencia de la organización religiosa eclesiástica como residuo medieval.

El concepto de Estado intervencionista es de origen económico y se relaciona, por un lado, con las corrientes proteccionistas o de nacionalismo económico, y por otro, con el intento de hacer asumir a un personal estatal determinado, de origen agrario y feudal, la “protección” de las clases trabajadoras contra los excesos del capitalismo (política de Bismarck y Disraeli).
Estas diversas tendencias pueden combinarse de muy distintas maneras y, de hecho, se han combinado. Naturalmente, los liberales (“economistas”) están en favor del “Estado vigilante nocturno” y quisieran que la iniciativa histórica se dejase en manos de la sociedad civil y de las diversas formas que en ella pululan con el “Estado”, guardián de la “lealtad del juego” y de las leyes de éste; los intelectuales hacen distinciones muy importantes cuando son liberales e incluso cuando son intervencionistas (pueden ser liberales en el terreno económico e intervencionistas en el cultural, etc.).
Los católicos quisieran un Estado intervencionista totalmente a favor suyo, pero a falta de éste o cuando constituyen una minoría piden un Estado “indiferente”, para que no apoye a sus adversarios.
SOCIEDAD POLÍTICA Y SOCIEDAD CIVIL
Debe meditarse el tema de si la concepción del "Estado gendarme" o "vigilante nocturno" (dejando de lado la especificación de carácter polémico: gendarme, vigilante nocturno, etc.) no es la única concepción del Estado que supera las fases “corporativo-económicas” extremas.
Estamos siempre en el terreno de la identificación del Estado y del gobierno, identificación que constituye precisamente una reaparición de la forma corporativo-económica, es decir, de la confusión entre la sociedad civil y la sociedad política, porque debe señalarse que en la noción general del Estado entran elementos que deben referirse a la noción de sociedad civil (en este sentido se podría decir que el Estado es igual a la sociedad política más la sociedad civil, es decir, la hegemonía reforzada por la coerción).
SOCIEDAD REGULADA Y LIBERTAD ORGÁNICA
En una doctrina del Estado que conciba a éste como tendencialmente susceptible de agotamiento y de disolución en el seno de la sociedad regulada, la cuestión es fundamental. El elemento Estado-coerción puede imaginarse agotándose a medida que se afirman elementos cada vez más sobresalientes de la sociedad regulada (o Estado ético o sociedad civil).
En la doctrina del Estado-sociedad regulada, deberá pasarse de una fase en la que “Estado” será igual a “gobierno” y “Estado” se identificará con “sociedad civil” a una fase de "Estado vigilante nocturno", es decir, de una organización coercitiva que tutelará el desarrollo de los elementos de sociedad regulada en continuo incremento y que, por tanto, reducen gradualmente sus intervenciones autoritarias y coactivas.
Esto no puede hacer pensar en un nuevo “liberalismo”, aunque sea el comienzo de una era de libertad orgánica.
ANTONIO GRAMSCI, “Política y sociedad”, selección y traducción de “Quaderni del carceri” (1.926-1.937), a cargo de Jordi Solé-Tura, Ediciones Península, 1.977.
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