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Las causas del terrorismo permanente

09-03-2006 16:34:11
Hay nobleza individual en todo aquel que está dispuesto a morir por sus ideales políticos, pero también hay fanatismo. Y esto es peligroso.

Porque suele suceder, desgraciadamente, que quien está dispuesto a morir por sus ideas, también está dispuesto a matar por ellas.

Fuera de un contexto bélico, o de una situación colectivamente revolucionaria, la violencia es siempre retardataria del progreso y de la superación moral de las masas.

Esto lo conoce muy bien la extrema derecha, que utiliza indefectiblemente la provocación terrorista en los momentos de crisis para despertar el instinto de conservación en la opinión y frenar así el proceso de cambio liberalizador.



La violencia individual o colectiva, fuera de los contextos objetivos que la producen orgánicamente, es siempre condenable, y todo partido democrático debe rechazar el terrorismo como arma política. Pero la forma adecuada de combatir y de evitar el terrorismo no es la represión terrorista del Estado. Ni tampoco la condena simplemente moral de los partidos y de la opinión pública.

Hay que saber distinguir entre el terrorismo delincuente y el terrorismo político, y dentro de éste, el terrorismo ocasional del permanente.

Cuando se produce un acto ocasional de terrorismo individual o de grupo es disculpable que el Estado y los partidos políticos, como los medios informativos, sólo se preocupen de la parte represiva, porque ignoran -incluso admitiendo la ignorancia culpable- la existencia de una causa social o política que, por no haber encontrado un cauce adecuado de expresión, ha empujado a la desesperación a quienes se sentían intérpretes de la misma. Pero ninguna disculpa cabe al Estado, o a los partidos políticos, ante el hecho del terrorismo permanente.

Cuando unos hombres o jóvenes adultos eligen, con perseverancia, organización y sacrifios extraordinarios, perseguir la defensa de una causa política por medio de las armas, es señal inequívoca de que esa causa, sea justa o injusta, es real y existente.

Nadie elige la metralleta o los explosivos cuando puede disponer para el mismo fin de la libertad de la pluma o del micrófono.

Si hay terrorismo permanente es porque existe una causa política permanentemente silenciada.

La necesaria represión del terrorismo sólo se justifica cuando el Estado, los partidos políticos y los medios informativos no ejercen represión alguna contra las libertades de expresión, de reunión y de asociación.

Con estas libertades y con la permisividad social de su ejercicio, desaparece el concepto mismo de la subversión. Mejor dicho, sólo cabe una sola clase de subversión: la de quienes intentan destruir el orden de las libertades formales inherente a la democracia.

ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO, Alternativa democrática, Plaza y Janés, 1.977.

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