Ni con la izquierda ni con la derecha, despiertos
02-01-2006 21:26:37
Al escribir estas líneas sabemos las pocas posibilidades que tienen de ser acogidas como quisiéramos. Los partidarios de un conservadurismo social verán en ellas un ataque a las “ideas de izquierda” y las encontrarán justas aún antes de leerlas; quienes desean reformas o una revolución, verán aquí solamente una muestra de incomprensión; por lo general, en este caso, el razonamiento consiste en decir: “¿Está usted contra una aplicación universal del método marxista? Por lo tanto, usted está contra la semana de cuarenta horas”.
LA VERDAD NO ES DE IZQUIERDAS NI DE DERECHAS
Esto no significa que no estemos tratando con gente inteligente; pero dado el grado de temperatura a que se ha llegado en París –comparable al del caso Dreyfus-, no se puede afirmar, por ejemplo, que la teoría cuántica o el principio de indeterminación de Heisenberg no están ni con la izquierda ni con la derecha.
Todas estas discusiones –dirán además- no tienen importancia. Lo que importa es asegurar el bien del pueblo y caminar al lado de los que lo desean. No estamos de acuerdo; si no, no nos hubiéramos expuesto a que nos juzguen mal. Aun cuando estos problemas filosóficos tuvieran importancia solamente para una persona entre mil (es una proporción óptima), no los consideraríamos despreciables.
EVITEMOS LA DICTADURA INTELECTUAL
No hay tropas sin jefes y no hay jefes sin doctrinas. Ahora bien, estas doctrinas que se imponen a las multitudes pueden tener graves consecuencias, en especial la de arruinar la libertad de pensamiento. Quisiéramos evitar una dictadura intelectual, aunque durase sólo veinte años.
Si mis temores son superfluos, tanto mejor. Demuestran, en todo caso, que tomamos en serio ciertas ideas que hasta sus partidarios adoptan a menudo sin conocer, por el solo hecho de inscribirse en un partido.
Nada podría ser tan penoso para nosotros en este momento como la acusación de diletantismo. Georges Friedmann, buscando las razones profundas de cualquier oposición, ve en ello una negativa ante el compromiso, una antipatía por la acción que procedería de un temperamento inepto para la vida práctica.
Pero quienes poseen un temperamento así, si son de buena fe, tal vez se lancen a la acción, y no estarán del lado de los privilegiados. Pero no se les facilita nada las cosas al proponerles, como condición previa, la aceptación de ideas que les parecen inaceptables.
PERMANEZCAMOS DESPIERTOS
Y ¿para qué discutir? ¿No estamos acaso en el ámbito de los deseos y no en el de las verdades? No obstante, en este conflicto entre el corazón y el espíritu, este último no puede resultar vencido, porque sólo se puede creer lo que se cree verdadero.
Permanezcamos tal como somos sin buscarnos ninguna coartada. Hay que seguir caminando solos en la noche; en esta noche en la que retumba un largo grito de miseria y de sufrimiento; y cierto es que, mientras tanto, tenemos que mantenernos despiertos.
JEAN GRENIER, “Sobre el espíritu de ortodoxia”, agosto de 1.936.
LA VERDAD NO ES DE IZQUIERDAS NI DE DERECHAS
Esto no significa que no estemos tratando con gente inteligente; pero dado el grado de temperatura a que se ha llegado en París –comparable al del caso Dreyfus-, no se puede afirmar, por ejemplo, que la teoría cuántica o el principio de indeterminación de Heisenberg no están ni con la izquierda ni con la derecha.
Todas estas discusiones –dirán además- no tienen importancia. Lo que importa es asegurar el bien del pueblo y caminar al lado de los que lo desean. No estamos de acuerdo; si no, no nos hubiéramos expuesto a que nos juzguen mal. Aun cuando estos problemas filosóficos tuvieran importancia solamente para una persona entre mil (es una proporción óptima), no los consideraríamos despreciables.
EVITEMOS LA DICTADURA INTELECTUAL
No hay tropas sin jefes y no hay jefes sin doctrinas. Ahora bien, estas doctrinas que se imponen a las multitudes pueden tener graves consecuencias, en especial la de arruinar la libertad de pensamiento. Quisiéramos evitar una dictadura intelectual, aunque durase sólo veinte años.
Si mis temores son superfluos, tanto mejor. Demuestran, en todo caso, que tomamos en serio ciertas ideas que hasta sus partidarios adoptan a menudo sin conocer, por el solo hecho de inscribirse en un partido.
Nada podría ser tan penoso para nosotros en este momento como la acusación de diletantismo. Georges Friedmann, buscando las razones profundas de cualquier oposición, ve en ello una negativa ante el compromiso, una antipatía por la acción que procedería de un temperamento inepto para la vida práctica.
Pero quienes poseen un temperamento así, si son de buena fe, tal vez se lancen a la acción, y no estarán del lado de los privilegiados. Pero no se les facilita nada las cosas al proponerles, como condición previa, la aceptación de ideas que les parecen inaceptables.
PERMANEZCAMOS DESPIERTOS
Y ¿para qué discutir? ¿No estamos acaso en el ámbito de los deseos y no en el de las verdades? No obstante, en este conflicto entre el corazón y el espíritu, este último no puede resultar vencido, porque sólo se puede creer lo que se cree verdadero.
Permanezcamos tal como somos sin buscarnos ninguna coartada. Hay que seguir caminando solos en la noche; en esta noche en la que retumba un largo grito de miseria y de sufrimiento; y cierto es que, mientras tanto, tenemos que mantenernos despiertos.
JEAN GRENIER, “Sobre el espíritu de ortodoxia”, agosto de 1.936.
Categoría: Antología de la claridad 0 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
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