Los hipócritas
31-12-2005 00:55:08
Mi madre y un hombre negro, de aquellos que las bestias cuidaban, tuvieron trato carnal. Éste algunas veces venía a nuestra casa y se iba por la mañana. Otras veces, de día llegaba a la puerta, con la excusa de comprar huevos, y entraba en casa.
Yo, al principio de su entrada, me agobiaba y le tenía miedo, viendo el color y mal gesto que tenía; mas desde que su venida mejoraba el comer, le fui queriendo bien, porque siempre traía pan, pedazos de carne y en el invierno leños, con que nos calentábamos.
De manera que, continuando la posada y la conversación, mi madre vino a darme un negrito muy bonito, con el que jugaba y al que arropaba. Y me acuerdo que estando el negro de mi padrastro trabajando con el mozuelo, como el niño veía a mi madre y a mí blancos, y a él no, con miedo, a mi madre y señalando con el dedo, le decía:
- ¡Madre, coco!

A lo que respondió él, riendo:
- ¡Hideputa!
Yo, aunque aún joven, noté aquella palabra de mi hermanito y dije para mí:
“¡Cuántos debe haber en el mundo que se espantan de otros porque no se ven a sí mismos!”
LAZARILLO DE TORMES, 1.554.
No juzguéis a los demás, si queréis no ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzgareis, habéis de ser juzgados; y con la misma medida con que midiereis, seréis medidos vosotros.
Mas tú, ¿con qué cara te pones a mirar la mota en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que está dentro del tuyo? O ¿cómo dices a tu hermano: Deja que yo saque esa pajita de tu ojo, mientras tú mismo tienes una viga en el tuyo?
¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
JESÚS DE NAZARET, “Mateo, capítulo 7"
Por lo cual no tienes excusa, ¡oh hombre, quienquiera que seas!, que te metes a condenar a los demás. Pues en lo que condenas a otro, te condenas a ti mismo, haciendo, como haces, aquellas mismas cosas que condenas.
SAULO DE TARSO, “Romanos, capítulo 2"
Yo, al principio de su entrada, me agobiaba y le tenía miedo, viendo el color y mal gesto que tenía; mas desde que su venida mejoraba el comer, le fui queriendo bien, porque siempre traía pan, pedazos de carne y en el invierno leños, con que nos calentábamos.
De manera que, continuando la posada y la conversación, mi madre vino a darme un negrito muy bonito, con el que jugaba y al que arropaba. Y me acuerdo que estando el negro de mi padrastro trabajando con el mozuelo, como el niño veía a mi madre y a mí blancos, y a él no, con miedo, a mi madre y señalando con el dedo, le decía:
- ¡Madre, coco!

A lo que respondió él, riendo:
- ¡Hideputa!
Yo, aunque aún joven, noté aquella palabra de mi hermanito y dije para mí:
“¡Cuántos debe haber en el mundo que se espantan de otros porque no se ven a sí mismos!”
LAZARILLO DE TORMES, 1.554.
No juzguéis a los demás, si queréis no ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzgareis, habéis de ser juzgados; y con la misma medida con que midiereis, seréis medidos vosotros.
Mas tú, ¿con qué cara te pones a mirar la mota en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que está dentro del tuyo? O ¿cómo dices a tu hermano: Deja que yo saque esa pajita de tu ojo, mientras tú mismo tienes una viga en el tuyo?
¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
JESÚS DE NAZARET, “Mateo, capítulo 7"
Por lo cual no tienes excusa, ¡oh hombre, quienquiera que seas!, que te metes a condenar a los demás. Pues en lo que condenas a otro, te condenas a ti mismo, haciendo, como haces, aquellas mismas cosas que condenas.
SAULO DE TARSO, “Romanos, capítulo 2"
Categoría: Ciencia y cultura 3 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
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Comentario hecho por true capote gonzález, el día 31-12-2005 02:27:59h.
Comentario hecho por irichc, el día 31-12-2005 17:05:17h.
Comentario hecho por Oliver, el día 02-01-2006 12:33:31h.
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