La ambición y la vida sencilla
25-12-2005 21:28:51
Mis enseñanzas son fáciles de entender y fáciles de practicar. Pero nadie en el mundo consigue entenderlas, ni nadie sabe practicarlas.
Sin ambiciones hay paz y el mundo se estabiliza por sí mismo.
Si el pueblo tiene hambre es porque sus gobernantes engullen demasiados impuestos; de ahí viene el hambre.
Si el pueblo es difícil de gobernar, es porque su gobierno interviene y actúa demasiado; por eso es difícil de gobernar.
Un pequeño Estado, con pocos habitantes, no querrá emplear las armas de que dispone.

Hay que procurar que sus gentes vuelvan a la escritura sencilla, anudando cuerdas. Que su comida sea sabrosa, bonita su vestimenta, tranquilas sus casas y alegres sus costumbres.
Aunque los pueblos vecinos estuvieran tan cerca como para oir, de un lado al otro, el canto de los gallos y el ladrido de los perros, que la gente prefiera morir de vieja en su pueblo, sin haber cruzado la frontera.
Cuando faltó el Sentido (Tao), vinieron la caridad y la justicia.
Cuando prosperaron los talentos y los ingenios, surgieron las grandes falsificaciones.
Cuando se perdió la armonía entre parientes, se inventaron el deber filial y el amor.
Para remediar las revueltas en una nación, se inventó la fidelidad del súbdito.
Eliminad los sabios, desterrad los ingenios y el pueblo saldrá ganando con creces.
Suprimid la caridad, abolid el deber y el pueblo volverá a su piedad y amor filiales.
Descartad las habilidades, suprimir el lujo y no habrá bandidos ni ladrones.
Todas estas cosas no son más que apariencias inútiles. La solución depende de otra cosa: mirar a lo sencillo y natural, y abrazar el tronco común, en vez de querer singularizarse.
Reducir egoísmos y disminuir ambiciones.
LAO TSE, Tao Te Ching, siglo IV a.C.
Sin ambiciones hay paz y el mundo se estabiliza por sí mismo.
Si el pueblo tiene hambre es porque sus gobernantes engullen demasiados impuestos; de ahí viene el hambre.
Si el pueblo es difícil de gobernar, es porque su gobierno interviene y actúa demasiado; por eso es difícil de gobernar.
Un pequeño Estado, con pocos habitantes, no querrá emplear las armas de que dispone.

Hay que procurar que sus gentes vuelvan a la escritura sencilla, anudando cuerdas. Que su comida sea sabrosa, bonita su vestimenta, tranquilas sus casas y alegres sus costumbres.
Aunque los pueblos vecinos estuvieran tan cerca como para oir, de un lado al otro, el canto de los gallos y el ladrido de los perros, que la gente prefiera morir de vieja en su pueblo, sin haber cruzado la frontera.
Cuando faltó el Sentido (Tao), vinieron la caridad y la justicia.
Cuando prosperaron los talentos y los ingenios, surgieron las grandes falsificaciones.
Cuando se perdió la armonía entre parientes, se inventaron el deber filial y el amor.
Para remediar las revueltas en una nación, se inventó la fidelidad del súbdito.
Eliminad los sabios, desterrad los ingenios y el pueblo saldrá ganando con creces.
Suprimid la caridad, abolid el deber y el pueblo volverá a su piedad y amor filiales.
Descartad las habilidades, suprimir el lujo y no habrá bandidos ni ladrones.
Todas estas cosas no son más que apariencias inútiles. La solución depende de otra cosa: mirar a lo sencillo y natural, y abrazar el tronco común, en vez de querer singularizarse.
Reducir egoísmos y disminuir ambiciones.
LAO TSE, Tao Te Ching, siglo IV a.C.
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