El odio religioso
24-12-2005 17:12:24
“El odio más profundo suele ser el odio teológico”.
SPINOZA, Tratado Teológico-político.
“El odio al ser justo lo contrario del amor, surge del error que procede de la opinión. Surge también del simple testimonio, como lo vemos en los turcos contra los judíos y cristianos, en los judíos contra turcos y cristianos, en los cristianos contra judíos y turcos, etc. ¡Cuán ignorante es, en efecto, la gran masa de todos estos acerca de la religión y las costumbres de los otros!”
SPINOZA, Tratado Breve, 1.656-1.661.
“El amor de los hebreos a la patria no era, pues, simple amor, sino piedad, que junto con el odio a las otras naciones, era fomentada y alimentada mediante el culto diario, hasta el punto de convertirse en una segunda naturaleza.
Debió surgir en ellos un odio permanente, que arraigó en su interior más que otro ninguno, puesto que era un odio nacido de una gran piedad o devoción y tenido por piadoso, que es el mayor y más pertinaz que puede existir. No faltaba, además, la causa habitual, que siempre suele encender sin cesar el odio, a saber, su reciprocidad, puesto que las otras naciones no pudieron menos de corresponderles con el odio más terrible”.
SPINOZA, Tratado teológico-político, 1.670.
“El orden de la Iglesia Romana, que usted tanto elogia, confieso que es político y lucrativo para muchísimos, y yo no creería que hubiera otro más adecuado para engañar a la plebe y para subyugar a los espíritus humanos, de no existir el orden de la Iglesia Mahometana, que lo aventaja con mucho. Ya que, desde la época que comenzó esta superstición, no surgió ningún cisma en su iglesia”.
SPINOZA, Carta 76, a Albert Burg, 1.675.
“Dice que no me queda ningún argumento para demostrar que Mahoma no fue un verdadero profeta. Incluso intenta probarlo a partir de mis opiniones, siendo así que de ellas se sigue claramente que fue un impostor, puesto que él suprime de raíz aquella libertad que la religión universal, iluminada por la luz natural y profética, concede y yo he probado que se debe conceder a toda costa. Y aunque así no fuera, ¿estoy yo obligado, pregunto, a probar que alguien es un falso profeta?”.
SPINOZA, Carta 43, 1.671.
“Me ha sorprendido muchas veces que hombres, que se glorían de profesar la religión cristiana, es decir, el amor, la alegría, la paz, la continencia y la lealtad a todos, se atacaran unos a otros con tal malevolencia y se odiaran a diario con tal crueldad, que se conoce mejor su fe por estos últimos sentimientos que por los primeros.
Tiempo ha que las cosas han llegado a tal extremo, que ya no es posible distinguir quién es casi nadie –si cristiano, turco, judío o pagano-, a no ser por el vestido y el comportamiento exterior, o porque frecuenta esta o aquella iglesia o porque, finalmente, simpatiza con tal o cual opinión y suele jurar en el nombre de tal maestro. Por lo demás, la forma de vida es la misma para todos.
Al investigar la causa de este mal, me he convencido plenamente de que el vulgo ha llegado a poner la religión en considerar los ministerios eclesiásticos como dignidades y los oficios como beneficios, y en tener en alta estima a los pastores. Pues, tan pronto se introdujo tal abuso en la iglesia, surgió inmediatamente en los peores un ansia desmedida por ejercer oficios religiosos, degenerando el deseo de propagar la religión divina en sórdida avaricia y ambición.
De ahí que el mismo templo degeneró en teatro, donde no se escucha ya a doctores eclesiásticos, sino a oradores, arrastrados por el deseo, no ya de enseñar al pueblo, sino de atraerse su admiración, de reprender públicamente a los disidentes y de enseñar tan sólo cosas nuevas e insólitas, que son las que más sorprenden al vulgo.
Fue, pues, inevitable, que surgieran de ahí grandes controversias, envidias y odios, que ni el paso del tiempo ha logrado suavizar”.
SPINOZA, Tratado Teológico-político, 1.670.
SPINOZA, Tratado Teológico-político.
“El odio al ser justo lo contrario del amor, surge del error que procede de la opinión. Surge también del simple testimonio, como lo vemos en los turcos contra los judíos y cristianos, en los judíos contra turcos y cristianos, en los cristianos contra judíos y turcos, etc. ¡Cuán ignorante es, en efecto, la gran masa de todos estos acerca de la religión y las costumbres de los otros!”
SPINOZA, Tratado Breve, 1.656-1.661.
“El amor de los hebreos a la patria no era, pues, simple amor, sino piedad, que junto con el odio a las otras naciones, era fomentada y alimentada mediante el culto diario, hasta el punto de convertirse en una segunda naturaleza.
Debió surgir en ellos un odio permanente, que arraigó en su interior más que otro ninguno, puesto que era un odio nacido de una gran piedad o devoción y tenido por piadoso, que es el mayor y más pertinaz que puede existir. No faltaba, además, la causa habitual, que siempre suele encender sin cesar el odio, a saber, su reciprocidad, puesto que las otras naciones no pudieron menos de corresponderles con el odio más terrible”.
SPINOZA, Tratado teológico-político, 1.670.
“El orden de la Iglesia Romana, que usted tanto elogia, confieso que es político y lucrativo para muchísimos, y yo no creería que hubiera otro más adecuado para engañar a la plebe y para subyugar a los espíritus humanos, de no existir el orden de la Iglesia Mahometana, que lo aventaja con mucho. Ya que, desde la época que comenzó esta superstición, no surgió ningún cisma en su iglesia”.
SPINOZA, Carta 76, a Albert Burg, 1.675.
“Dice que no me queda ningún argumento para demostrar que Mahoma no fue un verdadero profeta. Incluso intenta probarlo a partir de mis opiniones, siendo así que de ellas se sigue claramente que fue un impostor, puesto que él suprime de raíz aquella libertad que la religión universal, iluminada por la luz natural y profética, concede y yo he probado que se debe conceder a toda costa. Y aunque así no fuera, ¿estoy yo obligado, pregunto, a probar que alguien es un falso profeta?”.
SPINOZA, Carta 43, 1.671.
“Me ha sorprendido muchas veces que hombres, que se glorían de profesar la religión cristiana, es decir, el amor, la alegría, la paz, la continencia y la lealtad a todos, se atacaran unos a otros con tal malevolencia y se odiaran a diario con tal crueldad, que se conoce mejor su fe por estos últimos sentimientos que por los primeros.
Tiempo ha que las cosas han llegado a tal extremo, que ya no es posible distinguir quién es casi nadie –si cristiano, turco, judío o pagano-, a no ser por el vestido y el comportamiento exterior, o porque frecuenta esta o aquella iglesia o porque, finalmente, simpatiza con tal o cual opinión y suele jurar en el nombre de tal maestro. Por lo demás, la forma de vida es la misma para todos.
Al investigar la causa de este mal, me he convencido plenamente de que el vulgo ha llegado a poner la religión en considerar los ministerios eclesiásticos como dignidades y los oficios como beneficios, y en tener en alta estima a los pastores. Pues, tan pronto se introdujo tal abuso en la iglesia, surgió inmediatamente en los peores un ansia desmedida por ejercer oficios religiosos, degenerando el deseo de propagar la religión divina en sórdida avaricia y ambición.
De ahí que el mismo templo degeneró en teatro, donde no se escucha ya a doctores eclesiásticos, sino a oradores, arrastrados por el deseo, no ya de enseñar al pueblo, sino de atraerse su admiración, de reprender públicamente a los disidentes y de enseñar tan sólo cosas nuevas e insólitas, que son las que más sorprenden al vulgo.
Fue, pues, inevitable, que surgieran de ahí grandes controversias, envidias y odios, que ni el paso del tiempo ha logrado suavizar”.
SPINOZA, Tratado Teológico-político, 1.670.
Categoría: Religión y supersticiones 2 Comentario(s) & 10 Referencia(s)
Referencias
Mirtila [2006-02-12 00:25:56]
La religión, cualquiera que sea, es ejercicio político y búsqueda de poder. Nada más. Todos los adornos adicionales son para dominar a los simples de mente y corazón. El bien y el amor al prójimo no tienen nada que ver con religión, sino con solidaridad humana, comunión con la naturaleza y humildad ante la dolorosa existencia de los seres vivos, de su soledad e indefensión.
vulgo [2006-02-10 09:00:01]
A nadie de los poderes(incluido los personales) le interesa suavizar los odios y las envidias,todo lo contrario, a vivarlas si es posible. O mantenerlas ocultas,latentes para cuando sea necesario. Que entonces solo hay que tocar un pequeño punto ,como un timbre que pone en movimiento todo lo oculto,se abre la puerta, y salen en desbandada todos los seres de la oscuridad,que crecieron encerrados.
Este sistema se mantiene gracias a ello.
¿No lo saben los que dicen saber ya sean eclesiasticos o no?.Cada uno va reprimiendo aquello que le interesa para poder dominar,por ser la única forma en que puede ejercer su dominio.
Verdades como estas o tantas otras, no se extienden, no se debaten,no son cuestionadas.
Cercados entre dos puntos vida-muerte, solo tiene sentido conocer aquello que nos lleve a dominar al otro, los otro,esto es lo que enseñan. Domesticar,no educar, que esta palabra otro es el sentido que tiene.
Ciencia al servicio del poder, conocí-miento.
Cuando el vulgo,con un lenguaje deficiente clama por conocer,rápido es vencido y traicionado por su propio instinto de poder,cae.
Levantarse... Si,aunque cueste dos o tres generaciones...4.
Algunas palabras acerca del autor de esta bitácora...
A MODO DE BIENVENIDA (2)
Antología de García-Trevijano (9)
Antología de la belleza (22)
Antología de la claridad (24)
Antología filosófica (12)
Ciencia y cultura (14)
MANIFIESTOS (5)
Política (16)
Religión y supersticiones (6)
VÍDEOS (3)
Diciembre 2009 (0)
Junio 2006 (1)
Mayo 2006 (17)
Abril 2006 (14)
Marzo 2006 (21)
Febrero 2006 (2)
Enero 2006 (14)
Diciembre 2005 (44)
RDF 0.91
RSS 1.0
RSS 2.0
Atom 0.3