Los milagros y la ignorancia
23-12-2005 22:23:19
“He considerado como equivalentes los milagros y la ignorancia, porque aquellos que pretenden fundar la existencia de Dios y la religión sobre los milagros, quieren demostrar una cosa oscura por otra más oscura y que ignoran en absoluto, y aducen a sí un nuevo tipo de argumentación: no el llamado reducción al absurdo, sino a la ignorancia. Por lo demás, mi opinión sobre los milagros la he explicado suficientemente, si no me engaño, en el Tratado teológico-político.
Tan sólo añadiré aquí que, si usted presta atención a lo siguiente: que Cristo no se apareció ni al senado ni a Pilatos ni a ningún infiel, sino sólo a los santos; que Dios no tiene derecha ni izquierda y que no está en ningún lugar, sino en todas partes según su esencia; que la materia es la misma por todas partes y que Dios no se manifiesta fuera del mundo, en el espacio que nosotros fingimos o imaginario; y que, finalmente, la contextura del cuerpo humano sólo por el peso del aire es mantenida dentro de ciertos límites, fácilmente comprenderá usted que esa aparición de Cristo no se diferencia de aquella en que Dios se apareció a Abraham, cuando vio a tres hombres y los invitó a comer.
Pero usted dirá que todos los apóstoles creyeron plenamente que Cristo resucitó de la muerte y que subió realmente a los cielos, y yo no lo niego; porque también Abraham creyó que Dios había comido a su lado y todos los israelitas creyeron que Dios había descendido, rodeado de fuego, sobre el monte Sinaí y que había hablado directamente con ellos, siendo así que estas y muchas cosas similares fueron apariciones o revelaciones acomodadas a la capacidad y las opiniones de aquellos hombres a los que Dios quiso revelar su pensamiento.
Concluyo, pues, que la resurrección de Cristo de entre los muertos fue realmente espiritual y que sólo fue revelada a los fieles según su capacidad, es decir, que fue dotado de eternidad y resucitó de entre los muertos (tomo aquí la palabra en el sentido en que Cristo dijo: “dejad que los muertos entierren a sus muertos”) por cuanto con su vida y su muerte dio un ejemplo de singular santidad; y, por lo mismo, resucita a sus discípulos de entre los muertos, en cuanto ellos siguen este ejemplo suyo de vida y de muerte. Y no sería difícil explicar toda la doctrina del Evangelio conforme a esta hipótesis.
Será lícito, pues, explicar, en cuanto se pueda, los milagros por causas naturales; en cuanto a las cosas que no podemos ni explicarlas ni demostrar que son absurdas, bastará con suspender el juicio sobre ellas y fundamentar la religión únicamente sobre la sabiduría de la doctrina.
Finalmente, usted cree que los pasajes del Evangelio de Juan y de la Carta a los hebreos contradicen lo que yo digo, porque somete las frases de las lenguas orientales a los módulos europeos; y aunque Juan escribió su Evangelio en griego, sin embargo, hebraíza.
Pero basta ya sobre este asunto.
SPINOZA, Carta 75, a Henry Oldenburg, 1.675
Tan sólo añadiré aquí que, si usted presta atención a lo siguiente: que Cristo no se apareció ni al senado ni a Pilatos ni a ningún infiel, sino sólo a los santos; que Dios no tiene derecha ni izquierda y que no está en ningún lugar, sino en todas partes según su esencia; que la materia es la misma por todas partes y que Dios no se manifiesta fuera del mundo, en el espacio que nosotros fingimos o imaginario; y que, finalmente, la contextura del cuerpo humano sólo por el peso del aire es mantenida dentro de ciertos límites, fácilmente comprenderá usted que esa aparición de Cristo no se diferencia de aquella en que Dios se apareció a Abraham, cuando vio a tres hombres y los invitó a comer.
Pero usted dirá que todos los apóstoles creyeron plenamente que Cristo resucitó de la muerte y que subió realmente a los cielos, y yo no lo niego; porque también Abraham creyó que Dios había comido a su lado y todos los israelitas creyeron que Dios había descendido, rodeado de fuego, sobre el monte Sinaí y que había hablado directamente con ellos, siendo así que estas y muchas cosas similares fueron apariciones o revelaciones acomodadas a la capacidad y las opiniones de aquellos hombres a los que Dios quiso revelar su pensamiento.
Concluyo, pues, que la resurrección de Cristo de entre los muertos fue realmente espiritual y que sólo fue revelada a los fieles según su capacidad, es decir, que fue dotado de eternidad y resucitó de entre los muertos (tomo aquí la palabra en el sentido en que Cristo dijo: “dejad que los muertos entierren a sus muertos”) por cuanto con su vida y su muerte dio un ejemplo de singular santidad; y, por lo mismo, resucita a sus discípulos de entre los muertos, en cuanto ellos siguen este ejemplo suyo de vida y de muerte. Y no sería difícil explicar toda la doctrina del Evangelio conforme a esta hipótesis.
Será lícito, pues, explicar, en cuanto se pueda, los milagros por causas naturales; en cuanto a las cosas que no podemos ni explicarlas ni demostrar que son absurdas, bastará con suspender el juicio sobre ellas y fundamentar la religión únicamente sobre la sabiduría de la doctrina.
Finalmente, usted cree que los pasajes del Evangelio de Juan y de la Carta a los hebreos contradicen lo que yo digo, porque somete las frases de las lenguas orientales a los módulos europeos; y aunque Juan escribió su Evangelio en griego, sin embargo, hebraíza.
Pero basta ya sobre este asunto.
SPINOZA, Carta 75, a Henry Oldenburg, 1.675
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