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Goethe y Spinoza

22-12-2005 01:32:09
Largo tiempo llevaba de no acordarme de Spinoza, y ahora, por espíritu de contradicción, volví a sentirme impulsado a buscarle. Encontré en nuestra biblioteca un librito cuyo autor (Colerus, predicador luterano, 1705) combatía violentamente a aquel original filósofo, y para acometer con más eficacia su obra, había puesto frente al título la efigie de Spinoza con este pie: “Characterem reprobationis in vultu gerens”, o sea, que en la cara llevaba la señal de la reprobación.

No podía negarse que así era al mirar el retrato, pues el grabado era despiadadamente perverso y una payasada cumplida, por lo que hubo de sugerirme la idea de aquellos enemigos que empiezan por desfigurar a aquel a quien mal quieren y luego pasan a combatirle como a un monstruo.



Pero aquel librillo no me hizo la menor mella, pues nunca me gustaron, en general, las controversias, y siempre preferí ver cómo pensara un hombre a oír que otro me dijera cómo debiera haber pensado. Pero la curiosidad, sin embargo, llevóme a consultar el artículo “Spinoza” en el Diccionario de Bayle, obra que, por su erudición y perspicacia, es tan estimable y provechosa como ridícula y nociva por sus garrulerías y comadreos.

El artículo “Spinoza” infundióme disgusto y desconfianza. Empieza por calificarlo de ateo, y de altamente reprobables sus opiniones, y a renglón seguido reconoce que es un pensador pacífico y entregado a sus estudios, un buen ciudadano, un sujeto sociable, un apacible individuo, con lo que parece haber olvidado enteramente aquellas palabras del Evangelio: “Por sus frutos los conoceréis”. Porque ¿cómo es posible que una vida acepta a los hombres y a Dios puede derivarse de reprobables principios?

Todavía recordaba la paz y lucidez que me entraron cuando un día me puse a hojear las postergadas obras de aquel hombre notable. Ese efecto perduraba aún en mí con toda claridad, por más que no pudiera recordar bien los detalles; así que también ahora eché mano a toda prisa de aquellas obras, a las que tanto debía, y la misma apacible aura de antaño volvió a orear mi alma. Entrégueme a su lectura, y al mirar dentro de mí mismo, parecióme que nunca viera tan claro el universo.

Mi confianza en Spinoza basábase en la sedante acción que sobre mí ejercía, y no hizo sino acrecerse al ver que tildaban de spinozismo a mis dilectos místicos, al enterarme de que ni el propio Leibniz había podido librarse de semejante imputación, y que hasta Boerhaave, sospechoso a causa de tales ideas, vióse obligado a dejar la Teología por la Medicina”.

GOETHE, “Poesía y verdad”, 1.811-1.833

Goethe descubrió esto primero en Spinoza, pues solía complacerse en reconocer cuán conformes se mostraban las ideas del gran filósofo con sus anhelos juveniles. Goethe hallóse a sí mismo en Spinoza, de suerte que pudo robustecer prodigiosamente su pensamiento con tales doctrinas.

ECKERMANN, “Conversaciones con Goethe”, 1823-1832.

Categoría: Ciencia y cultura 0 Comentario(s) & 1 Referencia(s)



Referencias
Hizo la Referencia Filosofía Digital » LA HIPÓTESIS MONSTRUOSA, por Jesús Nava el día 2008-07-13 12:36:48h.
[...] Goethe, cuando afirmó, en defensa de Spinoza, que un hombre de esas cualidades no podía ser un impío. Bayle atacó lo que él consideraba el fundamento de la filosofía de Spinoza y la “hipótesis más monstruosa que quepa imaginar [...]



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