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Nacionalidad y humanidad

17-12-2005 14:23:37
Los eslavos de vanguardia deben comprender en fin que el tiempo del entretenimiento inocente en la filología eslava ha pasado y que no hay más absurdo y más hostil al pueblo que poner como ideal de todas las aspiraciones del pueblo el llamado principio de la nacionalidad.

LA NACIONALIDAD NO ES UN PRINCIPIO HUMANITARIO

La nacionalidad no es un principio humanitario; es un principio histórico, un hecho local que tiene, ciertamente, el derecho a ser generalmente reconocido lo mismo que cualquier otro hecho real e inofensivo.



Todo pueblo –por minúsculo que sea- tiene su carácter, su modo específico de vivir, de hablar, de sentir, de pensar y de obrar; y ese carácter, esa modalidad son precisamente las bases de su nacionalidad y los resultados de toda base histórica y de todas las condiciones del ambiente de ese pueblo.

Todo pueblo, todo individuo, es involuntariamente lo que es y tiene derecho indudablemente a ser él mismo. Es lo que constituye el derecho nacional. Pero si el pueblo o el individuo existen de un cierto modo y no pueden existir de otro, no se deduce de ello en modo alguno que tengan el derecho o que les sea útil considerar para el uno su nacionalidad, para el otro su individualidad como principios exclusivos y que habría que ocuparse de ellos eternamente.

LA CAUSA COMÚN DE LA HUMANIDAD

Al contrario, cuanto menos se ocupen de sí mismos y más impregnados estén de la idea general de la humanidad, más se revivificarán y obtendrán un sentido interior de la nacionalidad del uno y de la individualidad del otro.

Lo mismo pasa con los eslavos. Permanecerán extraordinariamente insignificantes y pobres en tanto continúen ocupándose de su eslavofilia estrecha, egoísta y además abstracta, extraña y por sí misma contraria al problema y a la causa de la humanidad en general; no conquistarán, como eslavos, su puesto legítimo en la historia y en la fraternidad libre de los pueblos más que cuando se hayan penetrado, junto con todos los demás, del interés general.

En todas las épocas de la historia hallamos el interés común que domina todos los otros intereses más particulares y exclusivamente nacionales, y el pueblo –o los pueblos- que hallan en sí la vocación, es decir, bastante comprensión, pasión y fuerza para entregarse a él, se convierten en pueblos históricos.

BAKUNIN, “Estatismo y anarquía”, 1.873.

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