Estatismo reaccionario, ¡vaya liberación!
17-12-2005 17:32:20
Es sobre la ficción de esa pretendida representación del pueblo y sobre el hecho real de la administración de las masas populares por un puñado insignificante de privilegiados, elegidos o no elegidos por las muchedumbres reunidas en las elecciones, y que no saben nunca por qué y por quién votan; sobre esa pretendida expresión abstracta que se imagina ser el pensamiento y la voluntad de todo un pueblo, y de la cual el pueblo real y viviente no tiene la menor idea, sobre la que se basan igualmente la teoría estatista y la teoría de la llamada dictadura revolucionaria.
La única diferencia que existe entre la dictadura revolucionaria y el estatismo no está más que en la forma exterior. En cuanto al fondo, representan ambos el mismo principio de la administración de la mayoría por la minoría en nombre de la pretendida estupidez de la primera y de la pretendida inteligencia de la última.
Son por consiguiente igualmente reaccionarias, pues el resultado de una y de otra es la afirmación directa e infalible de los privilegios políticos y económicos de la minoría dirigente y de la esclavitud política y económica de las masas del pueblo.
Está claro ahora por qué los “revolucionarios doctrinarios”, que tienen por misión destruir el poder y el sistema actuales a fin de crear sobre sus ruinas su propia dictadura, no han sido jamás y no serán nunca los enemigos, sino al contrario, han sido y serán siempre los defensores más ardientes del Estado.
No son enemigos más que del poder actual, porque quieren ponerse en su lugar; son enemigos de las instituciones políticas de hoy porque excluyen la posibilidad de su dictadura, pero son, sin embargo, los amigos más ardientes del poder estatista sin cuyo mantenimiento la revolución, que libertó definitivamente las grandes masas del pueblo, habría quitado a esa minoría pseudorrevolucionaria toda esperanza de encadenarlas a un nuevo carro y de colmarlas de beneficios con sus medidas gubernamentales.
Así pues, desde cualquier parte que se examine esta cuestión, se llega siempre al mismo triste resultado, al gobierno de la inmensa mayoría de las masas del pueblo por la minoría privilegiada.
Pero esa minoría, nos dicen los marxistas, será compuesta de trabajadores. Sí, de “antiguos” trabajadores, quizás, pero que en cuanto se conviertan en gobernantes o representantes del pueblo cesarán de ser trabajadores y considerarán el mundo trabajador desde su altura estatista; no representarán ya desde entonces al pueblo, sino a sí mismos y a sus pretensiones de querer gobernar al pueblo. El que quiera dudar de ello no sabe nada de la naturaleza humana.
Esos elegidos serán convencidos ardientes y además socialistas “científicos”. El pueblo no es sabio, por tanto será enteramente eximido de las preocupaciones gubernamentales y será globalmente incluido en el rebaño administrado. ¡Hermosa liberación!
BAKUNIN, “Estatismo y anarquía”, 1873.
La única diferencia que existe entre la dictadura revolucionaria y el estatismo no está más que en la forma exterior. En cuanto al fondo, representan ambos el mismo principio de la administración de la mayoría por la minoría en nombre de la pretendida estupidez de la primera y de la pretendida inteligencia de la última.
Son por consiguiente igualmente reaccionarias, pues el resultado de una y de otra es la afirmación directa e infalible de los privilegios políticos y económicos de la minoría dirigente y de la esclavitud política y económica de las masas del pueblo.
Está claro ahora por qué los “revolucionarios doctrinarios”, que tienen por misión destruir el poder y el sistema actuales a fin de crear sobre sus ruinas su propia dictadura, no han sido jamás y no serán nunca los enemigos, sino al contrario, han sido y serán siempre los defensores más ardientes del Estado.
No son enemigos más que del poder actual, porque quieren ponerse en su lugar; son enemigos de las instituciones políticas de hoy porque excluyen la posibilidad de su dictadura, pero son, sin embargo, los amigos más ardientes del poder estatista sin cuyo mantenimiento la revolución, que libertó definitivamente las grandes masas del pueblo, habría quitado a esa minoría pseudorrevolucionaria toda esperanza de encadenarlas a un nuevo carro y de colmarlas de beneficios con sus medidas gubernamentales.
Así pues, desde cualquier parte que se examine esta cuestión, se llega siempre al mismo triste resultado, al gobierno de la inmensa mayoría de las masas del pueblo por la minoría privilegiada.
Pero esa minoría, nos dicen los marxistas, será compuesta de trabajadores. Sí, de “antiguos” trabajadores, quizás, pero que en cuanto se conviertan en gobernantes o representantes del pueblo cesarán de ser trabajadores y considerarán el mundo trabajador desde su altura estatista; no representarán ya desde entonces al pueblo, sino a sí mismos y a sus pretensiones de querer gobernar al pueblo. El que quiera dudar de ello no sabe nada de la naturaleza humana.
Esos elegidos serán convencidos ardientes y además socialistas “científicos”. El pueblo no es sabio, por tanto será enteramente eximido de las preocupaciones gubernamentales y será globalmente incluido en el rebaño administrado. ¡Hermosa liberación!
BAKUNIN, “Estatismo y anarquía”, 1873.
Categoría: Antología de la claridad 0 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
Referencias
Comentarios
Hecho con