El Dios de Spinoza (I)
16-12-2005 00:36:40
“Aquel ser eterno e infinito que llamamos Dios o Naturaleza” (Ética, IV, prefacio).
“Hay quien se imagina un Dios a semejanza del hombre, compuesto de cuerpo y alma, y sometido a pasiones. Prescindo de la opinión de estos hombres, porque todos los que han examinado de algún modo la naturaleza divina, niegan que Dios sea corpóreo. Lo cual prueban muy bien, ya que por cuerpo entendemos cualquier cantidad de materia larga, ancha y profunda, limitada según cierta figura, y nada más absurdo que eso pueda decirse de Dios, o sea, del ser absolutamente infinito.
Sin embargo, al mismo tiempo, se esfuerzan por demostrar esto mismo con otras razones, manifestando claramente que ellos consideran la sustancia corpórea o extensa (materia) como separada por completo de la naturaleza divina, y sostienen que ha sido creada por Dios. Pero ignoran totalmente con qué potencia divina ha podido ser creada, lo que pone de manifiesto que no entienden lo que dicen” (Ética, I, 15).
“La esencia infinita de Dios, y su eternidad, son conocidas por todos. Y si los hombres no tienen de Dios un conocimiento tan claro como el que tienen de las nociones comunes, se debe a que no pueden imaginarse a Dios como imaginan los cuerpos; y a que unieron el nombre “Dios” a imágenes de cosas que suelen ver. Lo que difícilmente pueden evitar, pues los hombres son continuamente afectados por los cuerpos exteriores” (Ética, II, 47).
“Cuando usted dice, además, que si niego que se den en Dios eminentemente los actos de ver, oír, atender, querer, etc., no entiende usted qué Dios admito yo, sospecho que usted cree que no hay mayor perfección que la que puede expresarse con los mencionados atributos. No me extraña esto, porque creo que el triángulo, si tuviera la facultad de hablar, diría eso mismo, que Dios es eminentemente triangular, y que el círculo diría que la naturaleza divina es circular de modo eminente; y por el mismo motivo, todo el mundo atribuiría a Dios sus atributos y se haría similar a Dios y el resto le parecería deforme” (Carta 56).
“Además, quisiera advertir aquí que, cuando hablamos en cuanto filósofos, no debemos usar expresiones de la teología. Pues como la teología suele representar, y no sin razón, a Dios como un hombre perfecto, en teología es coherente decir que Dios desea algo, que Dios se ofende con las obras de los impíos, mientras que se complace con las de los piadosos.
En filosofía, en cambio, como vemos claramente que atribuir a Dios aquellos atributos que hacen al hombre perfecto es tan impropio como si atribuyéramos al hombre aquellos que hacen más perfecto a un elefante o a un asno, estos términos y otros por el estilo no tienen cabida aquí ni cabe emplearlos sin confundir al máximo nuestros conceptos. Por tanto, en términos filosóficos, no se puede decir que Dios pide algo a alguien ni que algo le es molesto o agradable. Pues todos estos son atributos humanos que no tienen lugar en Dios” (Carta 23).
“Ni creo que sea necesario advertir aquí que, cuando la Escritura dice que Dios se enoja con los pecadores y que El es juez que conoce, decide y juzga las acciones de los hombres, habla al estilo humano y conforme a las opiniones vulgarmente aceptadas, porque no es su propósito enseñar filosofía ni hacer a los hombres sabios, sino obedientes” (Carta 78).
“Hay quien se imagina un Dios a semejanza del hombre, compuesto de cuerpo y alma, y sometido a pasiones. Prescindo de la opinión de estos hombres, porque todos los que han examinado de algún modo la naturaleza divina, niegan que Dios sea corpóreo. Lo cual prueban muy bien, ya que por cuerpo entendemos cualquier cantidad de materia larga, ancha y profunda, limitada según cierta figura, y nada más absurdo que eso pueda decirse de Dios, o sea, del ser absolutamente infinito.
Sin embargo, al mismo tiempo, se esfuerzan por demostrar esto mismo con otras razones, manifestando claramente que ellos consideran la sustancia corpórea o extensa (materia) como separada por completo de la naturaleza divina, y sostienen que ha sido creada por Dios. Pero ignoran totalmente con qué potencia divina ha podido ser creada, lo que pone de manifiesto que no entienden lo que dicen” (Ética, I, 15).
“La esencia infinita de Dios, y su eternidad, son conocidas por todos. Y si los hombres no tienen de Dios un conocimiento tan claro como el que tienen de las nociones comunes, se debe a que no pueden imaginarse a Dios como imaginan los cuerpos; y a que unieron el nombre “Dios” a imágenes de cosas que suelen ver. Lo que difícilmente pueden evitar, pues los hombres son continuamente afectados por los cuerpos exteriores” (Ética, II, 47).
“Cuando usted dice, además, que si niego que se den en Dios eminentemente los actos de ver, oír, atender, querer, etc., no entiende usted qué Dios admito yo, sospecho que usted cree que no hay mayor perfección que la que puede expresarse con los mencionados atributos. No me extraña esto, porque creo que el triángulo, si tuviera la facultad de hablar, diría eso mismo, que Dios es eminentemente triangular, y que el círculo diría que la naturaleza divina es circular de modo eminente; y por el mismo motivo, todo el mundo atribuiría a Dios sus atributos y se haría similar a Dios y el resto le parecería deforme” (Carta 56).
“Además, quisiera advertir aquí que, cuando hablamos en cuanto filósofos, no debemos usar expresiones de la teología. Pues como la teología suele representar, y no sin razón, a Dios como un hombre perfecto, en teología es coherente decir que Dios desea algo, que Dios se ofende con las obras de los impíos, mientras que se complace con las de los piadosos.
En filosofía, en cambio, como vemos claramente que atribuir a Dios aquellos atributos que hacen al hombre perfecto es tan impropio como si atribuyéramos al hombre aquellos que hacen más perfecto a un elefante o a un asno, estos términos y otros por el estilo no tienen cabida aquí ni cabe emplearlos sin confundir al máximo nuestros conceptos. Por tanto, en términos filosóficos, no se puede decir que Dios pide algo a alguien ni que algo le es molesto o agradable. Pues todos estos son atributos humanos que no tienen lugar en Dios” (Carta 23).
“Ni creo que sea necesario advertir aquí que, cuando la Escritura dice que Dios se enoja con los pecadores y que El es juez que conoce, decide y juzga las acciones de los hombres, habla al estilo humano y conforme a las opiniones vulgarmente aceptadas, porque no es su propósito enseñar filosofía ni hacer a los hombres sabios, sino obedientes” (Carta 78).
Categoría: Religión y supersticiones 0 Comentario(s) & 2 Referencia(s)
Referencias
Hizo la Referencia Filosofía Digital » LA HIPÓTESIS MONSTRUOSA, por Jesús Nava el día 2008-07-13 12:36:56h.
[...] ateo de sistema, más bien parece arrancar de la manía de aquellos (según su propio testimonio) “estúpidos cartesianos” que, habiendo simpatizado con sus ideas y para alejar de ellos la temible sospecha de ser spinozianos, [...]
Hizo la Referencia Filosofía Digital » LA SANTIDAD DE LOS ATEOS, por Jesús Nava el día 2009-01-19 17:07:15h.
[...] Dios a imágenes de cosas que suelen ver: lo que difícilmente pueden los hombres evitar, pues son continuamente afectados por los cuerpos exteriores. Pues, en verdad, la mayor parte de los errores consiste simplemente en que no aplicamos c [...]
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