La libertad de pensamiento y el gobierno
15-12-2005 21:04:07
"Los poderes legítimos del gobierno sólo se extienden a los actos que lesionan a otros".
No parece suficientemente erradicado el error de que las operaciones de la mente, así como los actos del cuerpo, están sujetos a la coacción de las leyes. El caso es que nuestros gobernantes no tienen autoridad sobre esos derechos naturales, salvo que se la hayamos cedido. Los derechos de conciencia nunca se los cedimos, nunca podríamos. Respondemos de ellos ante nuestro Dios.
Los poderes legítimos del gobierno sólo se extienden a los actos que lesionan a otros.
La razón y el libre examen son los únicos agentes eficaces contra el error. Son los enemigos naturales del error y sólo del error. Si el gobierno debiera prescribir nuestras medicinas y nuestra dieta, nuestros cuerpos se encontrarían en el estado en que se encuentran ahora nuestras almas. Así prohibió Francia el emético como medicina, la patata como artículo alimenticio.

Cuando la razón y el experimento se autorizan, el error escapa ante ellos. Sólo el error necesita apoyo del gobierno. La verdad se vale por sí misma.
¿Es alcanzable la uniformidad? Millones de hombres, mujeres y niños inocentes, han sido quemados, torturados, multados y encarcelados desde que se introdujo el cristianismo; con todo, no nos hemos acercado una sola pulgada a la uniformidad. ¿Cuál ha sido el efecto de la violencia? Hacer de una mitad del mundo estúpidos y de la otra mitad, hipócritas. Apoyar la bellaquería y el error sobre toda la tierra. No podemos proceder por la fuerza contra esa mayoría. La razón y la persuasión son los únicos instrumentos válidos.
Juguemos limpio y librémonos mientras todavía es tiempo de esas tiránicas leyes. Es cierto que, por ahora, el espíritu de los tiempos nos protege contra ellas. Pero, ¿es el espíritu de un pueblo una seguridad infalible y permanente? ¿Lo es el gobierno? ¿Es este el tipo de protección que recibimos a cambio de los derechos que concedemos?
Por otra parte el espíritu de los tiempos puede cambiar, y cambiará. Nuestros gobernantes se harán corruptos, indiferente nuestro pueblo. Un solo fanático puede convertirse en perseguidor y los mejores hombres serán sus víctimas.
Nunca repetiremos bastante que el momento para fijar legislativamente todo derecho esencial es cuando nuestros gobernantes son todavía honestos y nosotros mismos nos hallamos aún unidos.
Los individuos se olvidarán de sí mismos, preocupados tan sólo por el dinero, y no pensarán en unirse para lograr un respeto efectivo hacia sus derechos.
THOMAS JEFFERSON, “Notas sobre el Estado de Virginia”, cuestión XVII, 1782.
No parece suficientemente erradicado el error de que las operaciones de la mente, así como los actos del cuerpo, están sujetos a la coacción de las leyes. El caso es que nuestros gobernantes no tienen autoridad sobre esos derechos naturales, salvo que se la hayamos cedido. Los derechos de conciencia nunca se los cedimos, nunca podríamos. Respondemos de ellos ante nuestro Dios.
Los poderes legítimos del gobierno sólo se extienden a los actos que lesionan a otros.
La razón y el libre examen son los únicos agentes eficaces contra el error. Son los enemigos naturales del error y sólo del error. Si el gobierno debiera prescribir nuestras medicinas y nuestra dieta, nuestros cuerpos se encontrarían en el estado en que se encuentran ahora nuestras almas. Así prohibió Francia el emético como medicina, la patata como artículo alimenticio.

Cuando la razón y el experimento se autorizan, el error escapa ante ellos. Sólo el error necesita apoyo del gobierno. La verdad se vale por sí misma.
¿Es alcanzable la uniformidad? Millones de hombres, mujeres y niños inocentes, han sido quemados, torturados, multados y encarcelados desde que se introdujo el cristianismo; con todo, no nos hemos acercado una sola pulgada a la uniformidad. ¿Cuál ha sido el efecto de la violencia? Hacer de una mitad del mundo estúpidos y de la otra mitad, hipócritas. Apoyar la bellaquería y el error sobre toda la tierra. No podemos proceder por la fuerza contra esa mayoría. La razón y la persuasión son los únicos instrumentos válidos.
Juguemos limpio y librémonos mientras todavía es tiempo de esas tiránicas leyes. Es cierto que, por ahora, el espíritu de los tiempos nos protege contra ellas. Pero, ¿es el espíritu de un pueblo una seguridad infalible y permanente? ¿Lo es el gobierno? ¿Es este el tipo de protección que recibimos a cambio de los derechos que concedemos?
Por otra parte el espíritu de los tiempos puede cambiar, y cambiará. Nuestros gobernantes se harán corruptos, indiferente nuestro pueblo. Un solo fanático puede convertirse en perseguidor y los mejores hombres serán sus víctimas.
Nunca repetiremos bastante que el momento para fijar legislativamente todo derecho esencial es cuando nuestros gobernantes son todavía honestos y nosotros mismos nos hallamos aún unidos.
Los individuos se olvidarán de sí mismos, preocupados tan sólo por el dinero, y no pensarán en unirse para lograr un respeto efectivo hacia sus derechos.
THOMAS JEFFERSON, “Notas sobre el Estado de Virginia”, cuestión XVII, 1782.
Categoría: Política 0 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
Referencias
Comentarios
Hecho con